Hepatitis y deporte, nada es imposible!

Pertenezco a esa generación en la que en el protocolo de vacunación aún no figuraba la vacuna para la hepatitis B. Fue cuando estábamos esperando nuestro primer hijo que, en una analítica ocasional, salieron alterados unos valores que al final confirmaban que tenía anticuerpos de la hepatitis B. A partir de aquí, 17 años de convivencia con la enfermedad y 4 más de lucha contra ella. Antes de entrar en la lista de espera para ser trasplantado me hicieron una “batería” de pruebas y entonces me diagnosticaron un cáncer de tiroides. Todo ello, fueron demasiadas noticias a la vez. Pero gracias a los equipos médicos de Bellvitge, aquí estoy. En febrero de 2017 me extirparon parte de la tiroides, en junio de 2018 me trasplantaron el hígado, y en septiembre del mismo año terminaron de extirpar me el resto del  tiroides que me quedaba. A estas alturas sigo luchando en el seguimiento de ambas enfermedades, con una relativa calidad de vida que me permite hacer muchas cosas impensables hace un tiempo.

 

El verano de 2015 mis amigos me regalaron la inscripción en el maratón de BCN. En aquellas fechas y con el virus latente en mi sangre podía hacer las mismas actividades que cualquier persona de mi edad, es decir familia, trabajo, relaciones sociales, deporte…. Tanto es así, que el objetivo era ambicioso pero alcanzable. Desgraciadamente el desarrollo de la enfermedad lo trastocó todo.

 

Cuando empiezas con el deterioro físico que provoca la cirrosis y carcinoma hepático, te das

cuenta de lo importante que es tener un buen estado físico y un correcto tono muscular. La degeneración física y el declive muscular son evidentes y palpables en el día a día del enfermo, llegando a ser pesadas tareas habituales del días,  como ir a buscar el pan o atarse los zapatos. Este desmejoramiento progresivo del estado físico viene dado porque nuestro hígado no puede hacer correctamente su tarea principal de procesar la sangre, separar sus componentes, equilibrarlos y crear nutrientes que el cuerpo los utilice; el hígado también interviene en la síntesis del grasas y de los azúcares y la consecuencia es que nuestra sangre no tiene suficiente calidad para poder satisfacer todas las necesidades, de nuestro cuerpo. 

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Aunque la evolución de la enfermedad te obliga a reducir la actividad fisca es muy conveniente que el ejercicio físico esté muy presente en la rutina diaria, y en la de un enfermo hepático mucho más. La finalidad sería ya no sólo la de procurarnos una jornada activa, sana y dinámica sino también prepararnos para un futuro que, paradójicamente y hasta que no se finalice con el trasplante, será más complicado cada día. Si tenemos un buen estado físico podremos afrontar nuestra enfermedad y el  trasplante con una mejor calidad de vida.

 

Esta actividad física es muy personal y debe adaptarse al momento y en el estado físico de cada enfermo, debiendo estar siempre tutelada por el criterio del médico, que será el que siempre tendrá  la última palabra. La importancia de la actividad física es muy grande ya que influye en el día  a día y en nuestra calidad de vida y es fundamental pues será el punto de partida sobre el que edificaremos nuestra recuperación tanto física como emocional una vez hallamos sido trasplantados.

 

 

En la actualidad llevo dos años trasplantado y hago salidas de 10 Km, unas veces caminando y otras incluso corriendo un poco, lo importante es que  seguimos y seguiremos  luchando y avanzando en el devenir de la vida.

 Y respecto a la maratón…. desde hace unos años he  pasado a colaborar en  la organización del avituallamiento, colaborando en el montaje y repartiendo propiamente botellas de agua a los corredores, no es correr, no soy un finisher, lo sé, pero es mi maratón y la vivo con plenitud.

 Es el día a día lo que nos marca el camino de nuestro progreso y nos prepara para un futuro que por futuro, siempre será incierto. El esfuerzo y nuestra actitud diaria nos marcarán el día de mañana.